miércoles, 24 de agosto de 2011

José Bergamín y el Centenario de Góngora (I)

           En la “Crónica del centenario de Góngora (1627-1927)” publicada en la revista Lola de Gerardo Diego se recogen todas las anécdotas y actos públicos que generó esta celebración. El rescate de la figura del poeta cordobés se conjugó con la búsqueda de horizontes literarios en consonancia con los tiempos modernos y con la tradición de las letras españolas, a la que tímidamente se había acercado ya la generación del 98. No es nuestro objetivo describir todas las peripecias que corrieron los gongorinos, tales como el auto de fe, el “ataque despiadado” a la fachada de la Real Academia de la Lengua Española, la misa solemne por el alma de don Luis o la noche de fiesta en la finca de Sánchez Mejías, pues de todo ello se puede encontrar cumplida información en la ingente bibliografía dedicada a la “generación del 27” y en los textos de sus miembros, sino destacar las actividades que con motivo de este centenario acometió José Bergamín y, que más directamente reflejan las circunstancias del panorama literario de aquellos años, y aproximarnos a las relaciones que mantuvo con los jóvenes rebeldes.
       En abril de 1926 se reunían Pedro Salinas, Melchor Sánchez Almagro, Rafael Alberti y Gerardo Diego, entre otros, para dar el empujón definitivo al homenaje a Góngora. Cuando se convoca la primera asamblea gongorina acuden los escritores anteriores y se suman algunos más: Antonio Marichalar, Federico García Lorca, José Moreno Villa, José María Hinojosa, Gustavo Durán, Dámaso Alonso y, cómo no, José Bergamín. Entonces se ultimaron los proyectos conmemorativos del  centenario: ediciones, lecturas, conferencias, exposiciones... La Revista de Occidente,  que era ya la vía de expresión indiscutible de estos escritores, se comprometía a publicar las ediciones de los Romances y de las Soledades del poeta homenajeado preparadas por José María de Cossío y por Dámaso Alonso, respectivamente, y la Antología poética en honor de Góngora de Gerardo Diego. Otros proyectos editoriales no tuvieron buen fin, como los llamados entonces “Cuadernos gongorinos”, que no llegaron a editarse por completo o se publicaron con fecha posterior a 1927; o se truncaron, como ocurrió con la Antología de la poesía española desde los orígenes hasta finales del XIX.
       De los invitados a tomar parte en el centenario rehusaron Juan Ramón Jiménez, Unamuno y Valle-Inclán. Como veremos, la negativa del primero significó, por un lado, la consumación del apartamiento del poeta moguereño de sus discípulos, incluido Bergamín; por otro, la madurez de aquel grupo que reclamaba su propia originalidad, lejos de influencias engañosas, y sus propias coordenadas poéticas. Tampoco los prosistas de la generación, de acuerdo con la “Crónica...” de Gerardo Diego, se mostraron muy afines a la causa gongorina.
       En diciembre de 1927 los siete “literatos madrileños de vanguardia”, como los llamó El Sol, viajaban a Sevilla para ofrecer una serie de conferencias en el Ateneo de esta ciudad gracias a la mediación de Ignacio Sánchez Mejías. La que Bergamín leería puede considerarse como el texto del 27 más cercano a un posible manifiesto, de que careció este grupo de autores.

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