martes, 21 de junio de 2011

La novela hispanoamericana antes del "boom".

Existen notables diferencias entre el desarrollo de la narrativa y de la poesía hispanoamericanas de principios del siglo XX. Durante los primeros lustros del siglo el cultivo de la novela es infinitamente menor que el de la lírica. Pero además, la evolución de la novela presenta un evidente retraso con respecto al de la poesía: cuando ya el Modernismo había renovado profundamente la expresión poética, la narrativa seguía por cauces heredados del siglo XIX. Sin embargo, cuando se produce esta renovación, la narrativa hispanoamericana se llega a situar en la primera línea de la narrativa mundial. En ese proceso se suelen distinguir tres etapas:
1.    La novela realista, dominante hasta aproximadamente 1940 ó 1945.
2.    Los comienzos de la renovación narrativa, con frutos cada vez más logrados entre 1945 y 1960.
3.    La consolidación y el espléndido desarrollo de la nueva narrativa, a partir de 1960, sobre todo.
LA PERVIVENCIA DEL REALISMO. LA NATURALEZA, LOS TEMAS SOCIALES Y LA NOVELA INDIGENISTA.
El realismo narrativo de la novela hispanoamericana de los primeros decenios del siglo XX tiene características propias. Es muy frecuente el uso de pinceladas naturalistas al mismo tiempo que se acude a un lenguaje romántico. Pero el rasgo más notorio de esta literatura son los temas tratados, que sirven a la presentación de la peculiaridad americana. Podemos distinguir los siguientes:
1.    La naturaleza. Una naturaleza de proporciones grandiosas y de gran diversidad, inexplorada en buena parte y cuyas fuerzas telúricas encuadran o condicionan la aventura humana. Los escenarios preferidos son la cordillera andina, la pampa, el altiplano, la selva amazónica... la atención que prestan los autores a las peculiaridades de cada zona hace que se pueda hablar de una novela regionalista.
2.    Los problemas políticos. La novela hispanoamericana encuentra un importante filón de argumentos en la inestabilidad política de aquellos países, sometidos continuamente a “revoluciones”, y en la frecuente presencia de dictadores que emanan de la oligarquía dominante.
3.    Los problemas sociales. La novela reflejará las desigualdades de la pirámide social: en su cumbre, la oligarquía aliada  a los intereses de las grandes potencias extranjeras que explotan las inmensas riquezas naturales; en la base, las peonadas de las grandes haciendas, los obreros de las omnipotentes compañías bananeras,...y una masa pobre e ignorante de indios y mestizos. La novela realista se convierte, por tanto, en una forma de protesta ante las desigualdades, y no como en Europa en reflejo o espejo de la sociedad. Muchas obras se proponen denunciar la oprimida condición del indio: de ahí que surja la llamada novela indigenista.
LA SUPERACIÓN DEL REALISMO. EL “REALISMO MÁGICO” O “LO REAL MARAVILLOSO”
A partir de 1940 se observa un cansancio de la novela realista. No desaparecen los temas cultivados hasta entonces, pero sí que serán tratados de diferente forma. Además, aparecen nuevos temas. Veamos algunos aspectos de esta renovación:
1.    Entre los temas nuevos, destaca el interés por el mundo urbano, frente al predominio de lo rural en la novela anterior; se tratarán los más variados problemas humanos o existenciales, además de los sociales, que no desaparecen.
2.    Junto a las realidades inmediatas, irrumpe la imaginación, lo fantástico. Pronto se hablará de realismo mágico (expresión creada por el escritor italiano Massimo Bontempelli en 1938) o de lo real maravilloso. Con esta última denominación se refería Alejo Carpentier al hecho de que el realismo puro es incapaz de recoger la asombrosa e insólita realidad del mundo americano. A partir de este momento, realidad y fantasía se presentarán íntimamente enlazadas en la novela: unas veces, por la presentación de lo mítico, de lo legendario, de lo mágico; otras, por el tratamiento alegórico o poético de la acción, de los personajes o de los ambientes.
3.    En el terreno de la estética, se aprecia un mayor cuidado constructivo y estilístico. Los autores tenderán a las innovaciones formales aportadas por los grandes novelistas europeos y norteamericanos (Kafka, Joyce, Faulkner...). Por otra parte, se asimilan elementos irracionales y oníricos procedentes del Surrealismo, que se adaptan perfectamente a la expresión de lo mágico o lo maravilloso.

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